Desde que el ser humano nace (cabe destacar que dentro del mundo animal, el hombre es el ser más desprotegido de todos al momento de nacer, es decir, si se deja sólo muere) comienza a explorar de una manera natural, alejado de toda norma, en tanto va creciendo descubre cosas y deja de cometer errores que surgían de su inexperiencia, en la medida en que el tiempo transcurre, este va experimentando cambios que llevan consigo aprendizaje formal y no formal, lo cual va desde las tradiciones familiares, hasta las materias que incluye cada uno de los sub-sectores del lugar en el que estudia y que se ve influida por su grupo de amigos, estrato social, lugar de residencia, entre otras.
La ciencia nos permite aprender en un contexto de solidez, con fundamento, da la posibilidad de “describir, predecir y explicar los hechos”, con lo cual podemos saber y es aquello lo que nos lleva a comprender las cosas y situaciones del diario acontecer. La psicología es una ciencia que se ocupa de la conducta humana, de qué manera funciona y cómo es que el individuo se relaciona con el medio que la rodea, lo cual posee una importancia fundamental si es que aceptamos ser seres sociales que necesitamos de otros para vivir. Al estar con otros es necesario relacionarse y en la medida que las relaciones interpersonales sean positivas, la vida también lo será, trayendo consigo bienestar.
La psicología infanto-juvenil es fundamental como herramienta para desarrollar habilidades y comportamientos socialmente aceptables que en ocasiones no se encuentran presentes o están en estadio de inmadurez. Muchas veces observamos niños y jóvenes indiferentes, con actitudes totalmente fuera de las normas establecidas, lo cual provoca que padres, profesores y demás adultos responsables se queden sin posibilidad de acción ante esta situación, por una parte y, por la otra, nos encontramos con un niño-adolescente que sufre, que se siente estresado ante su imposibilidad de relacionarse de manera positiva y ajustada a las situaciones requeridas, dada su etapa de desarrollo, e incapacitado para encontrar herramientas que lo lleven a solucionar su problema con el fin de sentirse poder sentirse bien.
La ciencia de la psicología otorga estas herramientas a los niños y jóvenes afectados -y a su entorno- brindando la posibilidad cierta de atender seriamente sus emociones, dando un espacio para comprender y atender las alteraciones en su comportamiento.
Cuando un niño o adolescente vivencia una terapia, su mundo queda al descubierto frente al terapeuta, lo cual implica que éste debe poseer estrictas normas éticas que protejan la intimidad de su paciente, en este sentido, el colegio de psicólogos de Chile, posee un “código de ética profesional”, el cual presenta como puntos fundamentales el respeto por los derechos y la dignidad de las personas, la competencia, el compromiso profesional y científico, la integridad, la independencia y la responsabilidad social. En este sentido, los límites de acción del código de ética, van referidos al quehacer profesional, pudiendo no ser aplicado en la vida personal de un profesional de esta área.
Existen muchas causas por las cuales nos podemos encontrar con los llamados “niños difíciles”, a mi juicio, lo importante es no estigmatizarlos, sino brindarles las herramientas necesarias para que puedan enfocar su energía y desarrollarse como personas felices y plenas.