lunes, 27 de junio de 2011

El mundo del adolescente

La adolescencia es una etapa conflictiva y dificultosa, ya que en ella se deben tomar múltiples y variadas decisiones, a la vez que se experimentan cambios de diversos, a saber: físico, sexual, cognitivo, emocional, social, entre otros. A este respecto, es fundamental que el adolescente cuente con la contención, comprensión y afecto que requiere por parte de su familia y adultos significativos, en pro de su bienestar. Sin lugar a dudas los padres juegan un rol fundamental, sobre todo en lo relativo al proceso de crianza, ya que mientras más herramientas posea el adolescente para enfrentar esta etapa de su vida, mayor será también su capacidad de reflexión en torno a situaciones límite. En este sentido, Langford (2010, p. 66) señala que “debemos enseñar a nuestros hijos a ser responsables de sus actos”, con el fin de que asuman que cada uno de ellos tienen consecuencias, las cuales pueden ser positivas o negativas y que aquello es su responsabilidad. En este sentido, en la familia debe primar el amor, a su vez, debe existir una autoridad clara, basada en que se cumplan y una comunicación expedita, en la que los padres más que hablar, deben saber escuchar a sus hijos. (Langford, 2010)
Es oportuno considerar que el bienestar de los jóvenes, no sólo tiene que ver con su condición económica, sino también con el contexto social y político, por consiguiente, el cuidado y los mecanismos de prevención en torno a los menores de edad, variara dependiendo del lugar del mundo en el cual éste habite. (Wicks-Nelson, 2004) En este sentido, los adolescentes de nuestro país se ven enfrentados a identificar sus intereses y por consiguiente, cimentar las bases de lo que se será su futuro, debiendo conjugar, en muchas ocasiones, las expectativas que la familia ha depositado sobre ellos y cumplir con exigencias académicas que le son inherentes, lo cual implica un estrés adicional.
Dado lo anteriormente expuesto, resulta relevante poner atención a la salud mental de los jóvenes, ya que pese a poseer buena salud física, salvo excepciones, podrían darse casos en los que se susciten trastornos de diversa índole, entre los que se destacan dietas peligrosas, (con su consecuente desequilibrio nutritivo) bulimia, anorexia, obesidad, episodios de violencia, depresión, (llegando a extremos tales como el suicidio) dificultades en la orientación sexual, consumo excesivo de alcohol y drogas, trastornos de la conducta disocial, delincuencia juvenil, uso de estimulantes, trastornos obsesivo-compulsivos, trastornos de bipolaridad, esquizofrenia, trastornos del desarrollo de la personalidad, entre otras (Santrock, 2003) En estas situaciones es fundamental actuar a tiempo y pedir la ayuda de profesionales especialistas en el área para lograr una intervención oportuna, eficiente y efectiva. Claro está, que la prevención juega un rol fundamental, en este sentido la educación y formación en ámbitos como el fortalecimiento de la voluntad (este último, antes de los 5 años de edad) por parte de los padres resultan ser agentes de gran utilidad. Por consiguiente, los padres son los principales encargados orientar conductas a seguir, estableciendo límites claros, desarrollando la capacidad de espera y propiciando la tolerancia a la frustración, entre otras habilidades.
Por otra parte, la búsqueda constante de una identidad propia resulta ser una tarea titánica en la que, los adolescentes, deben evaluar detenidamente variadas alternativas, en pro de la consecución de conclusiones propias y decisiones tomadas por ellos mismos (Bórquez, 2006), en este contexto, se ven interesados en experimentar nuevas sensaciones, generalmente, como integrantes del grupo de pares al que pertenezca, llevando a cabo conductas límites y/o de riesgo. Estas conductas revisten un peligro para el desarrollo positivo de los jóvenes, en tanto no sean capaces de establecer sus propios límites de acción, sobre todo cuando es el grupo de pares el que exige y presiona ante una situación determinada, teniendo en cuenta que lo que los hace permanecer unidos es una conciencia de solidaridad que, en ocasiones puede ser mal entendida.
Por otra parte, es importante destacar que, por lo general, existe un líder y, dependiendo de su forma de actuar, puede incitar al resto a desarrollar actividades que, aunque no quieran o consideren incorrecto ejecutarlas, sienten miedo de que su oposición pueda relegarlos del grupo. En este sentido, considero importante que los padres conozcan al grupo de amigos de sus hijos y a sus padres, creando instancias para compartir con ellos, dando espacios para que los adolescentes se sientan libres de llevar a sus amistades al hogar y puedan sentirse cómodos en ese contexto, para lo cual es fundamental que los padres no realicen críticas ni juzguen a los invitados de sus hijos.
Idealmente, compartir como familia e integrar a las amistades de los hijos, puede ser una buena estrategia, sin embargo para que aquello acurra de manera fluida, es necesario crear un clima que lo permita, que resulte atractivo para todos y que no resulte ser una situación forzada, a su vez es importante que el adolescente posea espacios de intimidad para sí mismo y con sus pares, ya que no se debe perder de vista que el joven anda en busca de una identidad propia.
A este respecto, Wicks-Nelson (2004, p. 253) sostiene que “identidad versus confusión de la identidad es el quinto estadio psicosocial de Erikson, que se suele experimentar durante la adolescencia. En este estadio, la persona se enfrenta al descubrimiento de quién es, qué hace en la vida y hacia dónde va”. Todo este cuestionamiento resulta coherente con el desarrollo cognitivo alcanzado, en el cual comienzan a pensar en el futuro, fantasean con la carrera que quieren estudiar, a qué se van a dedicar en la adultez, la formación de una familia, entre otras. De esta manera comienza una metamorfosis en torno a encontrar el real sentido de su existencia.
Finalmente, los niños nacen biológicamente aptos para conseguir ser felices y dichosos, sin embargo es el ambiente el que moldea su destino, en este sentido, la educación de las emociones juega un rol fundamental para enfrentar con vulnerabilidad o fortaleza la vida y sus desafíos (Céspedes, 2008) lo cual se hace extensivo a lo largo de toda su existencia.

Bibliografía:
• Bórquez, S. (2006). Psicología del adolescente. Santiago: Editorial Debate.
• Céspedes, A. (2008). Educar las emociones. Educar para la vida. Santiago: Ediciones B Chile S.A.
• Langford, S., Opazo, P. (2010). De regreso a la armonía. Santiago: MN Editorial Limitada.
• Santrock, J. (2003). Adolescencia. Madrid: Cofás S.A.
• Wicks-Nelson, R., Israel, A. (2004). Psicopatología del niño y del adolescente. Madrid: Fareso.

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