viernes, 11 de noviembre de 2011

Enfoque actual de las neurociencias en el período sensitivo del aprendizaje de los niños y su influencia en la primera infancia.

La Reforma Educacional, implementada en nuestro país, posee dos pilares fundamentales, a saber: calidad y equidad. Al hablar de calidad se refiere a que todos los niños y jóvenes de Chile estudien en escuelas, colegios o liceos en los cuales se logren los objetivos establecidos por niveles, sin excepción.
Si bien es cierto, se han producido avances en esta temática, aún queda mucho camino por recorrer, lo cual tiene que ver con diversos factores, tales como la familia de procedencia del niño, el lugar en el cual estudia, los profesores que les hacen clases, entre muchas otras –dicho sea de paso, dentro de los profesionales de nuestro país los que presentan mayor cantidad de depresión, son precisamente los docentes-.
Cuando nos referimos a los períodos sensitivos del desarrollo, nos encontramos con que en el primero de ellos, es decir, en niños de cero a seis años, es necesario hacer una subdivisión que, en palabras de (Chokler, 1994) tiene su inicio en el momento del nacimiento y termina a los tres primeros meses de vida, en el cual, los bebés desarrollan su “seguridad básica”, la cual va a depender de la relación que el neonato establezca con sus progenitores y/o adultos significativos y que, precisamente se relaciona con la seguridad que estos le dan, en la forma de tomarlo, en la manera en que se atienden sus necesidades básicas, entre otras. Posteriormente y, hasta los tres años de edad el niño comienza a descubrir el mundo, gradualmente y en la medida de sus propias posibilidades y de las posibilidades que los adultos le proporcionan, en una primera instancia al levantar y sostener la cabeza, luego al descubrir lentamente su cuerpo y los estímulos que reciba para hacerlo. Posteriormente, cuando el niño puede desplazarse por sí mismo se le abre un abanico de nuevas experiencias por descubrir y un mundo nuevo que tendrá la posibilidad de explorar en tanto se le sea permitido, dependiendo de la aprehensión de sus padres o de la libertad, basada en la seguridad que ellos le transmiten.
Desde este punto de vista, la estimulación temprana, siendo fundamental, depende de variados factores a parte de la estimulación recibida por parte de su familia, a saber: el afecto que se le entrega al niño en su familia nuclear y en extenso, además de los cercanos que conforman su círculo, el ambiente en el cual vive, si es una familia bien o mal constituida, si hay peleas, si el ambiente es hostil o se basa en el afecto y la comunicación, el nivel biopsicosocial y económico, si sus necesidades básicas se encuentran cubiertas (si duerme bien, su vivienda es apta, se alimenta adecuadamente, entre otras)
Un niño que tiene la posibilidad de desarrollar desde temprano sus habilidades motoras básicas y puede explorar en distintos escenarios, va a mostrarse más seguro frente al mundo, en cambio un niño al que constantemente se le está reprimiendo o dando signos de inseguridad e incapacidad, de manera verbal o física, va a resultar ser más inseguro y con menor desarrollo de su potencial. Por otra parte, los niños requieren motivación para aprender a relacionarse consigo mismo, con su propio cuerpo y con los demás, lo cual muchas veces se da a través de la imitación de quienes sirven de modelo, lo importante, en este sentido, es dar diversas posibilidades aprendizaje y estar atentos a las preguntas que los niños puedan realizar y brindar diversas oportunidades para potenciar al máximo sus habilidades y destrezas. Por consiguiente, la primera tarea comienza en el hogar, con una estimulación temprana que va a incidir notoriamente en su desarrollo posterior, a saber: física, intelectual y emocionalmente.
En este sentido, al llegar el momento de entrar al colegio o al jardín infantil, nos encontramos con diferencias sustanciales entre un niño y otro, algunos se despiden de sus padres sin problemas, otros lloran, hacen pataletas, entre otras. Cada uno de estos comportamientos, posee su base en la seguridad que el infante posee hasta ese momento.
Por otra parte, en el colegio o jardín de infantes, nos encontramos con diversas realidades ante las cuales el niño debe adaptarse y que escapan de lo que hasta entonces era su rutina en el hogar. Esta adaptación va a depender de la actitud de la familia y del comportamiento de la (s) educadora (s). Por ejemplo, si el niño llora el primer día de clases y la educadora lo reta, no es lo mismo que si lo contiene y, en la realidad de nuestro sistema escolar nos encontramos con ambos escenarios y un abanico de comportamientos docentes que estimulan o inhiben al infante, lo motivan o desmotivan, los hace sentirse queridos o no, capaces o incapaces, seguros o inseguros.
En este contexto, nos encontramos con docentes que no saben redactar un objetivo o que no saben planificar, situación de la que me he percatado supervisando prácticas finales de la carrera de psicopedagogía y técnicos en educación especial y diferencial, por consiguiente, muchas veces sólo se les da a los niños como trabajo, diversas actividades sin sentido pero que, sin embargo, sirven para dejar pasar la jornada de clases y que los niños se encuentren entretenidos. Por otra parte, las actividades se encuentran mal planteadas, ya que básicamente, éstas no pueden ser tan difíciles como para que el alumno no pueda concretarlas y por tanto se frustre, ni tan fáciles como para que se aburra, el desconocimiento de este aspecto se basa en la falta de una eficiente y efectiva evaluación diagnostica, al iniciar el proceso y, formativa, para que el docente se percate de las falencias existentes en el proceso de enseñanza-aprendizaje, para así poder tomar acciones remediales y aplicar la retroalimentación correspondiente. He visualizado también, la falta de hábitos y normativas, en donde los niños no saben autodominarse porque no se les enseña a hacerlo, cada uno hace lo que quiere, mientras el profesor (a) permanece sentado (a) en su escritorio, e incluso en cuanto a las actividades, el que quiere realizarlas lo hace y el que no, simplemente se dedica a molestar a sus compañeros. Lo cual resulta ser gravísimo, ya que un educador (a) debe saber que durante los primeros tres años de edad, no hay tiempo que perder, ya que los estímulos adecuados que reciba el infante son fundamentales para el desarrollo de su inteligencia y personalidad.
Desde otro ángulo, nos encontramos con colegios y jardines infantiles que funcionan perfectamente y que son pioneros en la innovación y búsqueda de técnicas atingentes al grupo curso, con una mirada personalizada de cada uno de los alumnos, con un clima en el aula que facilita el aprendizaje, en donde hay normas claras pero dadas dentro de un marco de amor y respeto, en las que los niños logran aprender a autocontrolarse no por miedo, sino porque en el aula hay una disciplina y un orden que se practica, los cuales se convierten en hábitos que se adquieren en base al amor y a la coherencia por parte de los docentes en el discurso y en la práctica.
Lo anteriormente expuesto, muestra las dos caras de la moneda de la educación en nuestro país, es importante resaltar que también existen puntos intermedios en los cuales los alumnos reciben afecto pero no educación de calidad y viceversa. Sin embargo, el amor, la motivación y la autoestima de los alumnos son fundamentales para poder desarrollar sus potenciales al máximo. La primera infancia es una etapa en la que los niños deben aprender a auto controlarse y a ser autónomos, en pro de la adquisición de hábitos de orden y disciplina que serán de suma importancia para encontrarse en condiciones de enfrentarse con buenos cimientos para los siguientes períodos su desarrollo.
En este sentido, es oportuno considerar lo que sostiene (Langford y Opazo, 2010), en torno a que los niños deben obedecer a sus padres sin cuestionamientos porque son precisamente ellos quienes más los quieren en el mundo y siempre van a buscar hacer lo mejor para ellos. Lo cual puede llegar a tener mucha similitud con la relación profesor alumno, ya que si el educando se siente querido por su profesor, tendrá la conciencia de que lo que él le solicita o propone es por su bien.
En el contexto de las funciones psiconeurológicas, su desarrollo es fundamental para el desarrollo humano, es por ello que es necesario que los profesores sepan aplicar la teoría, aprendida en la Universidad, con sus alumnos, con el fin de desarrollar al máximo sus potenciales, estimulando sus destrezas y habilidades, reforzándolos de manera positiva, dándoles la posibilidad de intentarlo hasta lograr el objetivo propuesto y logrando, de paso, que el niño se sienta capaz, con lo cual reafirma su autoestima positiva, lo cual es fundamental para un desarrollo integral de la persona. Por otra parte el docente tiene la misión de actualizar sus conocimientos constantemente, investigar, reflexionar en torno a los procesos de enseñanza-aprendizaje, lo cual hoy, se encuentra al alcance de todo el mundo gracias a internet, que resulta ser una herramienta en la cual se encuentra cualquier temática que el usuario busque, dicho de otra forma, es una verdadera biblioteca.
Otro de los ámbitos que los (as) educadores (as) deben tener en cuenta es el simple hecho de observar a los niños en su individualidad y como se relacionan en conjunto, con el fin de pesquisar en la edad temprana si es que existe algún educando que presente problemas como para poder ayudarlo por medio de una educación personalizada o derivándolo a otro especialista. Sin embargo, en ocasiones esto no se realiza y cuando alguien se da cuenta de que un infante posee problemas, ya se ha perdido tiempo valiosísimo para tomar acciones remediales.
Sin lugar a dudas la estimulación temprana juega un rol fundamental en la primera infancia, sobretodo en lo referente a al desarrollo de las funciones psiconeurológicas que, finalmente, son las que decidirán el futuro de cada uno de los escolares de nuestro país, y no me refiero sólo al área de los procesos de enseñanza aprendizaje de la lecto-escritura, cálculo o percepción de la memoria, sino al desarrollo integral de las personas, como seres únicos e irrepetibles, susceptibles de ser potenciados al máximo con el fin de lograr desarrollar buenas personas y, fundamentalmente, felices.
Bibliografía:
• Chokler, M. (1994). Los organizadores del desarrollo psicomotor. Buenos Aires: Ediciones Cinco.
• Langford, S. y Opazo, P. (2010). De regreso a la armonía. Santiago: Editorial M y N.

La importancia del desarrollo de las funciones psiconeurológicas básicas y su relación con los estilos de aprendizaje y procesos cognitivos.

Como ya es sabido, la primera instancia de aprendizaje se da dentro del núcleo familiar y familia en extenso, a través del sentido kinestésico, siendo, en palabras de Chokler (1994) fundamentales los tres primeros meses de vida, ya que es en este lapso de tiempo, es en el cual, el neonato conforma su seguridad básica. Por otra parte, la estimulación puede darse a través de cánticos, objetos llamativos con diversas texturas, colores y sonidos, entre otras.
Más adelante, la exploración del niño debe ser propiciada y estimulada, con el fin de lograr abrir las puertas mágicas del conocimiento de un mundo que hasta ese entonces se muestra novedoso, llamativo, ante lo cual la búsqueda del conocimiento a través de los sentidos, se torna fundamental para su desarrollo. El niño comienza a desarrollar sus habilidades motoras básicas, a saber: caminar, gatear, correr, saltar, rodar, trepar, entre otras, por lo cual es importante que su aprendizaje sea en torno a la experiencia vivida, en el hogar, paseos, etc., lo cual puede darse solo o en compañía de otros niños y su familia. Sin embargo, en muchas familias existen carencias económicas y biopsicosociales que impiden esta correcta estimulación.
En este sentido, cuando llega el momento de enfrentarse a la educación formal, las funciones psiconeurológicas ya se encuentran potenciadas en mayor o menor medida, dependiendo de la familia de origen, a través de las posibilidades que el niño ha tenido de ensayar sus destrezas y habilidades. En la educación formal, es fundamental que la (s) educadoras conozcan cabalmente el tema de las funciones psiconeurológicas, ya que de esta manera podrán potenciar el estilo de aprendizaje que prima en cada uno de sus educandos, sabiendo cual es el modo en que deben operar y, por consiguiente, pasar de la teoría a la práctica. Por otra parte, estos conocimientos les permiten pesquisar si es que algún niño presenta dificultades en su desarrollo a una edad temprana y estimular y/o derivar al infante con otro (s) especialista (s) en el caso que se requiera. En este contexto, la evaluación juega un rol fundamental, en primera instancia la evaluación diagnóstica y luego el seguimiento de cada uno de los educandos, el cual puede llevarse a cabo a modo de pautas de cotejo, observación directa y registro anecdótico, además de pruebas estandarizadas y adaptadas a la realidad del grupo curso. Desgraciadamente, en la práctica, me he encontrado con docentes que sólo se ocupan del grupo curso, que desconocen teorías básicas y para el desarrollo de los potenciales de sus alumnos y, fundamentalmente, que su práctica educativa no posee un buen clima de enseñanza-aprendizaje, lo cual se ve reflejado en la forma de relacionarse con sus educandos, básicamente, carente de amor.
Desde otro punto de vista, la Teoría de las Inteligencias Múltiples de Howard Gardner (1995, p.33) logra, en palabras del autor “pluralizar el concepto tradicional” de inteligencia ya que esta es definida como “la habilidad necesaria para resolver problemas o para elaborar productos que son de importancia en un contexto cultural o en una comunidad determinada”. Desde mi punto de vista, es a aquello a lo que debe apuntar el desarrollo de las funciones psiconeurológicas, ya que aquí no existe la exclusión de los educandos, de esta manera, a un niño que presenta discapacidad intelectual puede aprender un oficio acorde a sus habilidades y destrezas que le permita ganarse la vida, por ejemplo. Recordemos que Gardner, plantea que los distintos tipos de inteligencia se dan de manera variada, ante lo cual una persona con su inteligencia lógico matemática disminuida, puede poseer una inteligencia sonora-musical excepcional.
Finalmente, el desarrollo de las funciones psiconeurológicas, poseen una importancia vital, por una parte, porque desarrolla los potenciales de una persona para enfrentarse a la educación formal (lecto-escritura, cálculo, memoria, entre otras) y, por otra, porque desarrolla a la persona como tal, en palabras de Gardner, su inteligencia intra e inter personal, lo cual resultan ser fundamental si es que queremos formar individuos integrales.
Bibliografía:
• Chokler, M. (1994). Los organizadores del desarrollo psicomotor. Buenos Aires: Ediciones Cinco.
• Gardner, H. (1995). Inteligencias Múltiples, la teoría en la práctica. Barcelona: Paidós