Como ya es sabido, la primera instancia de aprendizaje se da dentro del núcleo familiar y familia en extenso, a través del sentido kinestésico, siendo, en palabras de Chokler (1994) fundamentales los tres primeros meses de vida, ya que es en este lapso de tiempo, es en el cual, el neonato conforma su seguridad básica. Por otra parte, la estimulación puede darse a través de cánticos, objetos llamativos con diversas texturas, colores y sonidos, entre otras.
Más adelante, la exploración del niño debe ser propiciada y estimulada, con el fin de lograr abrir las puertas mágicas del conocimiento de un mundo que hasta ese entonces se muestra novedoso, llamativo, ante lo cual la búsqueda del conocimiento a través de los sentidos, se torna fundamental para su desarrollo. El niño comienza a desarrollar sus habilidades motoras básicas, a saber: caminar, gatear, correr, saltar, rodar, trepar, entre otras, por lo cual es importante que su aprendizaje sea en torno a la experiencia vivida, en el hogar, paseos, etc., lo cual puede darse solo o en compañía de otros niños y su familia. Sin embargo, en muchas familias existen carencias económicas y biopsicosociales que impiden esta correcta estimulación.
En este sentido, cuando llega el momento de enfrentarse a la educación formal, las funciones psiconeurológicas ya se encuentran potenciadas en mayor o menor medida, dependiendo de la familia de origen, a través de las posibilidades que el niño ha tenido de ensayar sus destrezas y habilidades. En la educación formal, es fundamental que la (s) educadoras conozcan cabalmente el tema de las funciones psiconeurológicas, ya que de esta manera podrán potenciar el estilo de aprendizaje que prima en cada uno de sus educandos, sabiendo cual es el modo en que deben operar y, por consiguiente, pasar de la teoría a la práctica. Por otra parte, estos conocimientos les permiten pesquisar si es que algún niño presenta dificultades en su desarrollo a una edad temprana y estimular y/o derivar al infante con otro (s) especialista (s) en el caso que se requiera. En este contexto, la evaluación juega un rol fundamental, en primera instancia la evaluación diagnóstica y luego el seguimiento de cada uno de los educandos, el cual puede llevarse a cabo a modo de pautas de cotejo, observación directa y registro anecdótico, además de pruebas estandarizadas y adaptadas a la realidad del grupo curso. Desgraciadamente, en la práctica, me he encontrado con docentes que sólo se ocupan del grupo curso, que desconocen teorías básicas y para el desarrollo de los potenciales de sus alumnos y, fundamentalmente, que su práctica educativa no posee un buen clima de enseñanza-aprendizaje, lo cual se ve reflejado en la forma de relacionarse con sus educandos, básicamente, carente de amor.
Desde otro punto de vista, la Teoría de las Inteligencias Múltiples de Howard Gardner (1995, p.33) logra, en palabras del autor “pluralizar el concepto tradicional” de inteligencia ya que esta es definida como “la habilidad necesaria para resolver problemas o para elaborar productos que son de importancia en un contexto cultural o en una comunidad determinada”. Desde mi punto de vista, es a aquello a lo que debe apuntar el desarrollo de las funciones psiconeurológicas, ya que aquí no existe la exclusión de los educandos, de esta manera, a un niño que presenta discapacidad intelectual puede aprender un oficio acorde a sus habilidades y destrezas que le permita ganarse la vida, por ejemplo. Recordemos que Gardner, plantea que los distintos tipos de inteligencia se dan de manera variada, ante lo cual una persona con su inteligencia lógico matemática disminuida, puede poseer una inteligencia sonora-musical excepcional.
Finalmente, el desarrollo de las funciones psiconeurológicas, poseen una importancia vital, por una parte, porque desarrolla los potenciales de una persona para enfrentarse a la educación formal (lecto-escritura, cálculo, memoria, entre otras) y, por otra, porque desarrolla a la persona como tal, en palabras de Gardner, su inteligencia intra e inter personal, lo cual resultan ser fundamental si es que queremos formar individuos integrales.
Bibliografía:
• Chokler, M. (1994). Los organizadores del desarrollo psicomotor. Buenos Aires: Ediciones Cinco.
• Gardner, H. (1995). Inteligencias Múltiples, la teoría en la práctica. Barcelona: Paidós
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