jueves, 28 de abril de 2011

Factores protectores y amenazas para el desarrollo armónico de los niños.

Con el paso de los años, nuestra sociedad ha ido transformándose en los diversos ámbitos que la conforman, la visión del ser humano ha ido evolucionando, los niños dejaron de ser pequeños adultos y en el presente, tienen la posibilidad de desarrollarse según la etapa del ciclo vital que les corresponde. Sin embargo, lo anteriormente expresado es parte del deber ser, ya que muchas veces nos enfrentamos a situaciones en que los niños ven vulnerados sus derechos, lo cual depende de los factores protectores o de las amenazas que pueden existir en torno a su potencial desarrollo armónico e integral.
En este sentido, el factor protector por excelencia es la familia, por lo que ésta debe procurar desarrollar relaciones cálidas y estrechas con sus hijos e hijas, con normas y límites claros y consistentes que generen estabilidad y cohesión familiar, promoviendo educación y amor. Por consiguiente, los primeros meses de vida son fundamentales, ya que, según expresa Chokler (1994), es en esta etapa donde el bebé conforma su “seguridad básica”, la cual se sustenta en los cuidados primarios, tanto en lo relativo a sus necesidades básicas de sobrevivencia como al afecto recibido, característica que lo acompañará durante toda su vida. A su vez, es fundamental que los padres tomen acuerdos y decidan, ya que según expresa Lagford y otro (2010), en cada núcleo debe existir un proyecto familiar que se sitúe sobre la base de la consecuencia (sentir, pensar y hacer), coherencia (mantener una relación entre los actos que realizamos y los objetivos que queremos lograr), consistencia (claridad en el accionar sin flaquear), conciencia (de lo que pensamos, sentimos y hacemos) y convicción (fuerza que surge del corazón para seguir creyendo pese a las adversidades). En contraposición con lo recientemente expuesto, si la familia es disfuncional, está inserta en un ambiente deprivado, se cometen excesos como el consumo de alcohol y drogas, los padres son abusadores (física o sicológicamente) o si los niños sufren carencias en sus necesidades básicas, la familia resultaría ser una amenaza para el desarrollo armónico de un niño (a).
La escuela es otro factor protector en el que los educandos acceden para recibir educación integral, basada en la reforma educacional chilena, cuyos pilares son la equidad y la igualdad, en este contexto, los alumnos reciben diversos beneficios, a saber: alimentación, útiles escolares, atención médica, entre otros. El recurso humano a cargo de la atención de los educandos está conformado por un grupo multidisciplinario de personas preparadas para este fin (técnicos en educación, profesores, psicólogos, entre otros, dependiendo del establecimiento educacional). Los docentes no sólo deben ocuparse de entregar contenidos objetivos a los alumnos (as), sino que también pueden encargarse de desarrollar sus emociones, según expresa Céspedes (2008), los requisitos que un profesor debe tener para llevar a cabo una educación de emociones efectiva, son similares a las de una familia. A esto se suma poseer vocación por el trabajo que ejerce.
Los antecedentes de salud también pueden jugar a favor o en contra del desarrollo de un niño (a), según expresa Condemarín y otros (2003), si es que hay historial de cuidados desde la edad temprana, como el registro de vacunas, enfermedades infecciosas, sensoriales, broncopulmonares, cardíacas, entre otras, antecedentes neuropsiquiátricos del niño (a) o su familia. En este contexto, una persona con buena salud tendrá mejores posibilidades de desarrollarse armónicamente, en contraposición con otro que sufre o ha padecido de enfermedades, sobretodo si es que éstas han dejado secuelas.
En definitiva, las variables que influyen en el desarrollo armónico de un niño (a) son múltiples y pueden constituirse como amenaza o factor protector, dependiendo de los adultos responsables que se encuentren a su cuidado, quienes serán, finalmente, los encargados de tomar las decisiones que van a afectarlos directa o indirectamente.
Bibliografía:

• Céspedes, Amanda (2008). Educar las emociones. Educar para la vida. Santiago: Ediciones B Chile S.A.

• Chokler, Myrtha (1994). Los organizadores del desarrollo psicomotor. Buenos Aires: Ediciones Cinco.

• Condemarín, Mabel y otros (2003). Madurez escolar. Santiago: Editorial Andrés Bello.
• Langford, S. Opazo, P. (2010). De regreso a la armonía. Santiago: MN Editorial Limitada.
• Ministerio de Educación (1998). La Reforma en marcha: buena educación para todos.

Familia sana: base del desarrollo armónico de los niños.

La familia resulta ser una institución fundamental dentro de la sociedad, en la cual cada uno de sus integrantes es importante, ya que se constituye como una pieza clave, única e irrepetible, digna de dar y recibir afecto, confianza y contención, propiciando de esta manera la formación de personas integrales y sanas, aptas para integrarse en el mundo social de una forma positiva. En este contexto, cabe hacer una distinción entre familia nuclear (padres y sus hijos) y familia extensa (padres, hijos, abuelos, tíos, entre otros).
Si bien es cierto, la familia extensa juega un papel destacado, sobretodo en lo que al desarrollo de la inteligencia emocional se refiere, es fundamental que los roles se encuentren bien definidos. Concordando con Langford y Opazo (2010), los padres deben ser la primera autoridad para los hijos, son ellos quienes, previo acuerdo, proporcionan las directrices que rigen el funcionamiento armónico dentro de la familia, dando las pautas a seguir y dejando en claro que el amor y la confianza son la base de la estructura familiar, lo cual implica que los padres confían en las capacidades de los hijos y, a su vez, los hijos confían en sus padres y en las buenas decisiones que van a tomar, basados en que son precisamente ellos quienes más los quieren y jamás tomarían una decisión a conciencia con el fin de dañarlos (padre y madre, poseen igual jerarquía en la toma de decisiones). Por consiguiente, la autoridad de los padres es fundamental, ya que se constituye como un ente facilitador en la educación, en este sentido, la existencia de roles y responsabilidades claras para cada uno de los integrantes del núcleo familiar debe definirse, a modo de normativas, con el fin de lograr resultados óptimos.
En este contexto, resulta interesante agregar que la familia es la primera entidad en la que las personas aprenden a comunicarse, lo cual va a repercutir en las futuras relaciones interpersonales que se establezcan, por lo cual, una comunicación efectiva y eficiente es un ingrediente que no puede faltar en una educación de calidad, en palabras de Lyford y otros (2006), la comunicación entre padres e hijos, se debe caracterizar por saber escuchar, atender a los mensajes corporales de nuestro interlocutor, comprender y expresar sentimientos, hablar de manera clara y precisa, para no inducir a errores, evitar discusiones y realizar refuerzos positivos.
De esta manera, los niños (as) se encuentran en buen pie para integrarse a la sociedad, nutridos con valores socialmente aceptables y con la capacidad de “discernir entre lo correcto y lo incorrecto”, según expresa Céspedes (2008), lo cual resulta ser una condición básica para el desarrollo de la inteligencia emocional, tan necesaria para estar y sentirse bien consigo mismo y entablar relaciones positivas con los demás.
Lo anteriormente expuesto representa el contexto familiar ideal para que un niño (a) crezca e inicie su formación, sin embargo esto no siempre ocurre, por lo cual la escuela juega un rol educativo tanto para padres y apoderados como para los educandos que acoge en sus aulas. En este sentido los educadores (profesores, técnicos, psicólogos, terapeutas ocupacionales, fonoaudiólogos, entre otros) deben mantener una comunicación eficiente para poder actuar coordinadamente en pro de una educación de calidad, donde se triangule la relación padre/apoderado, alumno (a) y escuela, haciendo uso de cada una de las instancias educativas a modo de herramientas para conseguir el fin esperado. Sin embargo, muchas veces el rol de la escuela y, específicamente, el de los profesores se ve en desmedro, debido, entre otros factores, a que pareciera que los padres consideran que pueden y deben decidir sobre el trabajo del docente, en este contexto, la participación de los padres es muy importante, pero se debe contener dentro de un marco que no interfiera en el quehacer docente, ya que este tipo de comportamiento termina por desautorizar a los profesores, lo cual repercute negativamente en la triangulación antes mencionada.
La escuela y la familia pueden llegar a ser una alianza productiva pero para que ello ocurra, ambos estamentos deben establecer una relación positiva, basada en el mutuo apoyo, teniendo como objetivo la educación del niño (a).

Bibliografía:

• Céspedes, Amanda (2008). Educar las emociones. Educar para la vida. Santiago: Ediciones B Chile S.A.

• Céspedes, Amanda (2008). Niños con pataleta, adolescentes desafiantes. Santiago: Editorial Vergara.
• Langford, S. Opazo, P. (2010). De regreso a la armonía. Santiago: MN Editorial Limitada.
• Lyford-Pike, A. Ciompi, M. Soler, M. (2006). Hijos con personalidad…raíces y alas. Santiago: Ediciones Universidad Católica de Chile.

miércoles, 27 de abril de 2011

Los niños: definición.

Son como gotas de agua que caen en una planta sofocada por el sol regalando dulzura, risas, reflexiones y amor, entre tantas otras cosas.
A veces se tornan un tanto peligrosos, sobretodo en lo relativo a su percepción en bruto, no amaestrada, por consiguiente, intuitiva y mágica, dicho en otras palabras, no existe detalle que pueda escabullirse de su inmensa capacidad de amor.
Poseen una capacidad de asombro sorprendente, ojos brillantes y mente despejada que, de una u otra manera, les permite ser espontáneos, alegres, místicos, como ángeles que aparecen en medio de una jauría de adultos...son una fuente inagotable de paz.
Cuando no están, su ausencia se respira en el aire ya que son capaces de llenar cualquier espacio, por inmenso que éste sea, entre palabras y silencios, preguntas y respuestas sinceras, la simplicidad de la vida misma y una sed de conocer que resulta ser inagotable...
Los niños, seres suceptibles de ser amados. Maestros por excelencia.