Los niños son esos graciosos seres humanos que deambulan por el hogar regalando alegría, suelen ser el centro de la atención, conquistan a cada uno de los miembros del grupo familiar con las diversas actividades que desarrollan, desde sus gestos hasta sus peculiares preguntas.
Según manifiesta Céspedes (2008), los niños nacen programados para conquistar la felicidad y vivir en armonía, sin embargo, será el ambiente el encargado propiciar o extinguir las conductas que los lleven al logro de aquello, a través de las herramientas que les proporciones en pro de su conformación como seres fuertes o vulnerables ante los desafíos que les presente la vida, para lo cual resulta fundamental educar las emociones desde muy temprano. Dentro de los cuidados básicos que debe recibir un niño está la necesidad de recibir afecto, lo cual va a repercutir en la capacidad del niño de crear vínculos afectivos positivos con sus adultos significativos.
En este sentido, el comienzo de la vida escolarizada es un momento que se enmarca en grandes cambios, los cuales van desde dejar ser el centro de atracción, hasta compartir con pares desconocidos hasta ese momento, enmarcándose en las reglas que el establecimiento educacional dictamine. La dinámica de acción deja de ser flexible y se comienzan a realizar actividades guiadas y juegos normados, para los que el niño debe adaptarse si es que quiere lograr una integración positiva. En el contexto escuela, se llevan a cabo diversas actividades, entre ellas las de carácter motriz, en las que el niño tendrá la posibilidad de probarse a sí mismo que es capaz, según destaca Jiménez, (2001) es allí donde tienen la posibilidad de relacionarse consigo mismo y descubrir las diversas posibilidades de exploración y logro, además de relacionarse con sus pares y con los objetos que los rodean. De esta manera, si el niño ha tenido vínculos afectivos significativos en su primera infancia, tendrá la posibilidad de desenvolverse sin temor a enfrentar a los demás, lo cual resulta ser fundamental para su desarrollo posterior. Por otra parte, los educadores, tienen la tarea de acoger y brindar el apoyo que cada uno de sus alumnos requiera, además de contenerlos en situaciones que lo demanden y, por consiguiente, dar distintas posibilidades para que la experimentación y el conocimiento a través de la vivencia resulte ser una experiencia entretenida y enriquecedora.
En este contexto, es fundamental que los padres y educadores les brinden la posibilidad de que compartan de manera positiva con sus pares, celebrando y asistiendo a fiestas de cumpleaños, compartiendo paseos, visitando a compañeros y familia en extenso, entre otras. Cabe destacar que los niños suelen imitar las conductas que sus adultos significativos llevan a cabo, por lo cual es importante predicar con el ejemplo, ser asertivos, compartir, tener buen sentido del humor, aceptar los errores como parte del aprendizaje, escuchar a los demás, entre otros. Muchas veces, resulta difícil comunicarse con los niños y/o adolescentes porque no se les conoce a cabalidad, según expresa Céspedes (2008), de esta manera las creencias y prejuicios comienzan a jugar un rol fundamental y erróneo dentro de la relación. Por consiguiente, y teniendo como base el amor existente entre padres e hijos, es positivo realizar actividades que lleven a reafirmar vínculos de confianza y conocimiento, ya que las personas cambian y, en algunas ocasiones, los padres se quedan con la idea de que sus hijos son siempre los pequeños niños de antaño y no los niños con nuevas experiencias que los conforman como personas con intereses y motivaciones fluctuantes, las cuales distan de las existentes en el pasado.
Por otra parte, Wicks-Nelson (1997, p 31) sostuvo que “la función primordial del colegio es enseñar al niño las habilidades y los conocimientos intelectuales acumulados por la sociedad” y continúa afirmando que esto “también incluye tareas de socialización más amplias”. En este sentido, la planificación educacional no sólo debe incluir el desarrollo de objetivos verticales, sino también transversales, con el fin de educar a los individuos de manera integral. Por consiguiente, entrenar a los niños en habilidades sociales y valores socialmente aceptables, les da la posibilidad de poder entrenarse para la vida adulta en un marco de interacción basado en las relaciones interpersonales positivas, lo cual será un aporte sustancial para la construcción de una vida armoniosa y por tanto, feliz.
Desde hace algunos años, se ha venido estudiando la inteligencia desde distintos ángulos, ya no sólo a modo de coeficiente intelectual, basándose en la escala de Binet, sino también la inteligencia emocional y las inteligencias múltiples planteadas por Gardner, entre ellas la personal (intra e interpersonal), ante lo cual Antunes (2003) plantea diversas metodologías para desarrollar las inteligencias múltiples en el aula. La inteligencia intrapersonal es aquella relacionada con el “yo”, es decir, con el autoconocimiento, automotivación, autoestima, en otra palabras una inteligencia interior; en tanto que la interpersonal es la inteligencia relacionada con el conocimiento del otro, de la empatía, es decir, una inteligencia externa, relacionada con la comunidad. De lo anterior se desprende que en el presente, no sólo se valora el aprendizaje de ciencias exactas, sino que también existe una preocupación por el ser humano integral, con sentimientos y emociones, con relaciones interpersonales positivas que es capaz de estrechar vínculos, lo cual debe ser educado, en el hogar y en la escuela y su base fundamental es el amor, una persona querida es alguien que va a saber amar porque su vivencia lo ha llevado a ejercitar aquello.
Según expresa Liford, (2003) la educación debe tender al desarrollo de la personalidad, ya que de esta manera los niños tendrán la tendencia a crecer más seguros de sí mismos, armónicos y equilibrados. Tener personalidad implica la adaptación de la voluntad y la inteligencia en su justa dirección. Un individuo con personalidad posee principios nobles y se mantiene firme en ellos aún cuando aquello requiera de sacrificios.
Los niños de hoy, representan lo que va a ser nuestra sociedad del mañana, en este sentido, en fundamental que los padres y educadores formales se encuentren preparados para asumir la responsabilidad de educar con la conciencia cierta de estar llevando a cabo una tarea seria, a conciencia, planificada, instruida.
Bibliografía:
• Antunes, C. (2003). ¿Cómo desarrollar contenidos aplicando las inteligencias múltiples. Buenos Aires: Talleres gráficos color Efe.
• Céspedes, A. (2008). Niños con pataleta, adolescentes desafiantes. Santiago: Editorial Vergara.
• Céspedes, A. (2008). Educar las emociones, educar para la vida. Santiago: Editorial Vergara.
• Jiménez, G. (2001). Educación física parvularia. Valparaíso: Universidad Católica de Valparaíso.
• Lyford, A. (2006). Hijos con personalidad…raíces y alas. Santiago: Ediciones Universidad Católica de Chile.
• Wicks-Nelson, R. (1997). Psicopatología del niño y del adolescente. Madrid: Pearson educación S.A.
lunes, 27 de junio de 2011
El mundo del adolescente
La adolescencia es una etapa conflictiva y dificultosa, ya que en ella se deben tomar múltiples y variadas decisiones, a la vez que se experimentan cambios de diversos, a saber: físico, sexual, cognitivo, emocional, social, entre otros. A este respecto, es fundamental que el adolescente cuente con la contención, comprensión y afecto que requiere por parte de su familia y adultos significativos, en pro de su bienestar. Sin lugar a dudas los padres juegan un rol fundamental, sobre todo en lo relativo al proceso de crianza, ya que mientras más herramientas posea el adolescente para enfrentar esta etapa de su vida, mayor será también su capacidad de reflexión en torno a situaciones límite. En este sentido, Langford (2010, p. 66) señala que “debemos enseñar a nuestros hijos a ser responsables de sus actos”, con el fin de que asuman que cada uno de ellos tienen consecuencias, las cuales pueden ser positivas o negativas y que aquello es su responsabilidad. En este sentido, en la familia debe primar el amor, a su vez, debe existir una autoridad clara, basada en que se cumplan y una comunicación expedita, en la que los padres más que hablar, deben saber escuchar a sus hijos. (Langford, 2010)
Es oportuno considerar que el bienestar de los jóvenes, no sólo tiene que ver con su condición económica, sino también con el contexto social y político, por consiguiente, el cuidado y los mecanismos de prevención en torno a los menores de edad, variara dependiendo del lugar del mundo en el cual éste habite. (Wicks-Nelson, 2004) En este sentido, los adolescentes de nuestro país se ven enfrentados a identificar sus intereses y por consiguiente, cimentar las bases de lo que se será su futuro, debiendo conjugar, en muchas ocasiones, las expectativas que la familia ha depositado sobre ellos y cumplir con exigencias académicas que le son inherentes, lo cual implica un estrés adicional.
Dado lo anteriormente expuesto, resulta relevante poner atención a la salud mental de los jóvenes, ya que pese a poseer buena salud física, salvo excepciones, podrían darse casos en los que se susciten trastornos de diversa índole, entre los que se destacan dietas peligrosas, (con su consecuente desequilibrio nutritivo) bulimia, anorexia, obesidad, episodios de violencia, depresión, (llegando a extremos tales como el suicidio) dificultades en la orientación sexual, consumo excesivo de alcohol y drogas, trastornos de la conducta disocial, delincuencia juvenil, uso de estimulantes, trastornos obsesivo-compulsivos, trastornos de bipolaridad, esquizofrenia, trastornos del desarrollo de la personalidad, entre otras (Santrock, 2003) En estas situaciones es fundamental actuar a tiempo y pedir la ayuda de profesionales especialistas en el área para lograr una intervención oportuna, eficiente y efectiva. Claro está, que la prevención juega un rol fundamental, en este sentido la educación y formación en ámbitos como el fortalecimiento de la voluntad (este último, antes de los 5 años de edad) por parte de los padres resultan ser agentes de gran utilidad. Por consiguiente, los padres son los principales encargados orientar conductas a seguir, estableciendo límites claros, desarrollando la capacidad de espera y propiciando la tolerancia a la frustración, entre otras habilidades.
Por otra parte, la búsqueda constante de una identidad propia resulta ser una tarea titánica en la que, los adolescentes, deben evaluar detenidamente variadas alternativas, en pro de la consecución de conclusiones propias y decisiones tomadas por ellos mismos (Bórquez, 2006), en este contexto, se ven interesados en experimentar nuevas sensaciones, generalmente, como integrantes del grupo de pares al que pertenezca, llevando a cabo conductas límites y/o de riesgo. Estas conductas revisten un peligro para el desarrollo positivo de los jóvenes, en tanto no sean capaces de establecer sus propios límites de acción, sobre todo cuando es el grupo de pares el que exige y presiona ante una situación determinada, teniendo en cuenta que lo que los hace permanecer unidos es una conciencia de solidaridad que, en ocasiones puede ser mal entendida.
Por otra parte, es importante destacar que, por lo general, existe un líder y, dependiendo de su forma de actuar, puede incitar al resto a desarrollar actividades que, aunque no quieran o consideren incorrecto ejecutarlas, sienten miedo de que su oposición pueda relegarlos del grupo. En este sentido, considero importante que los padres conozcan al grupo de amigos de sus hijos y a sus padres, creando instancias para compartir con ellos, dando espacios para que los adolescentes se sientan libres de llevar a sus amistades al hogar y puedan sentirse cómodos en ese contexto, para lo cual es fundamental que los padres no realicen críticas ni juzguen a los invitados de sus hijos.
Idealmente, compartir como familia e integrar a las amistades de los hijos, puede ser una buena estrategia, sin embargo para que aquello acurra de manera fluida, es necesario crear un clima que lo permita, que resulte atractivo para todos y que no resulte ser una situación forzada, a su vez es importante que el adolescente posea espacios de intimidad para sí mismo y con sus pares, ya que no se debe perder de vista que el joven anda en busca de una identidad propia.
A este respecto, Wicks-Nelson (2004, p. 253) sostiene que “identidad versus confusión de la identidad es el quinto estadio psicosocial de Erikson, que se suele experimentar durante la adolescencia. En este estadio, la persona se enfrenta al descubrimiento de quién es, qué hace en la vida y hacia dónde va”. Todo este cuestionamiento resulta coherente con el desarrollo cognitivo alcanzado, en el cual comienzan a pensar en el futuro, fantasean con la carrera que quieren estudiar, a qué se van a dedicar en la adultez, la formación de una familia, entre otras. De esta manera comienza una metamorfosis en torno a encontrar el real sentido de su existencia.
Finalmente, los niños nacen biológicamente aptos para conseguir ser felices y dichosos, sin embargo es el ambiente el que moldea su destino, en este sentido, la educación de las emociones juega un rol fundamental para enfrentar con vulnerabilidad o fortaleza la vida y sus desafíos (Céspedes, 2008) lo cual se hace extensivo a lo largo de toda su existencia.
Bibliografía:
• Bórquez, S. (2006). Psicología del adolescente. Santiago: Editorial Debate.
• Céspedes, A. (2008). Educar las emociones. Educar para la vida. Santiago: Ediciones B Chile S.A.
• Langford, S., Opazo, P. (2010). De regreso a la armonía. Santiago: MN Editorial Limitada.
• Santrock, J. (2003). Adolescencia. Madrid: Cofás S.A.
• Wicks-Nelson, R., Israel, A. (2004). Psicopatología del niño y del adolescente. Madrid: Fareso.
Es oportuno considerar que el bienestar de los jóvenes, no sólo tiene que ver con su condición económica, sino también con el contexto social y político, por consiguiente, el cuidado y los mecanismos de prevención en torno a los menores de edad, variara dependiendo del lugar del mundo en el cual éste habite. (Wicks-Nelson, 2004) En este sentido, los adolescentes de nuestro país se ven enfrentados a identificar sus intereses y por consiguiente, cimentar las bases de lo que se será su futuro, debiendo conjugar, en muchas ocasiones, las expectativas que la familia ha depositado sobre ellos y cumplir con exigencias académicas que le son inherentes, lo cual implica un estrés adicional.
Dado lo anteriormente expuesto, resulta relevante poner atención a la salud mental de los jóvenes, ya que pese a poseer buena salud física, salvo excepciones, podrían darse casos en los que se susciten trastornos de diversa índole, entre los que se destacan dietas peligrosas, (con su consecuente desequilibrio nutritivo) bulimia, anorexia, obesidad, episodios de violencia, depresión, (llegando a extremos tales como el suicidio) dificultades en la orientación sexual, consumo excesivo de alcohol y drogas, trastornos de la conducta disocial, delincuencia juvenil, uso de estimulantes, trastornos obsesivo-compulsivos, trastornos de bipolaridad, esquizofrenia, trastornos del desarrollo de la personalidad, entre otras (Santrock, 2003) En estas situaciones es fundamental actuar a tiempo y pedir la ayuda de profesionales especialistas en el área para lograr una intervención oportuna, eficiente y efectiva. Claro está, que la prevención juega un rol fundamental, en este sentido la educación y formación en ámbitos como el fortalecimiento de la voluntad (este último, antes de los 5 años de edad) por parte de los padres resultan ser agentes de gran utilidad. Por consiguiente, los padres son los principales encargados orientar conductas a seguir, estableciendo límites claros, desarrollando la capacidad de espera y propiciando la tolerancia a la frustración, entre otras habilidades.
Por otra parte, la búsqueda constante de una identidad propia resulta ser una tarea titánica en la que, los adolescentes, deben evaluar detenidamente variadas alternativas, en pro de la consecución de conclusiones propias y decisiones tomadas por ellos mismos (Bórquez, 2006), en este contexto, se ven interesados en experimentar nuevas sensaciones, generalmente, como integrantes del grupo de pares al que pertenezca, llevando a cabo conductas límites y/o de riesgo. Estas conductas revisten un peligro para el desarrollo positivo de los jóvenes, en tanto no sean capaces de establecer sus propios límites de acción, sobre todo cuando es el grupo de pares el que exige y presiona ante una situación determinada, teniendo en cuenta que lo que los hace permanecer unidos es una conciencia de solidaridad que, en ocasiones puede ser mal entendida.
Por otra parte, es importante destacar que, por lo general, existe un líder y, dependiendo de su forma de actuar, puede incitar al resto a desarrollar actividades que, aunque no quieran o consideren incorrecto ejecutarlas, sienten miedo de que su oposición pueda relegarlos del grupo. En este sentido, considero importante que los padres conozcan al grupo de amigos de sus hijos y a sus padres, creando instancias para compartir con ellos, dando espacios para que los adolescentes se sientan libres de llevar a sus amistades al hogar y puedan sentirse cómodos en ese contexto, para lo cual es fundamental que los padres no realicen críticas ni juzguen a los invitados de sus hijos.
Idealmente, compartir como familia e integrar a las amistades de los hijos, puede ser una buena estrategia, sin embargo para que aquello acurra de manera fluida, es necesario crear un clima que lo permita, que resulte atractivo para todos y que no resulte ser una situación forzada, a su vez es importante que el adolescente posea espacios de intimidad para sí mismo y con sus pares, ya que no se debe perder de vista que el joven anda en busca de una identidad propia.
A este respecto, Wicks-Nelson (2004, p. 253) sostiene que “identidad versus confusión de la identidad es el quinto estadio psicosocial de Erikson, que se suele experimentar durante la adolescencia. En este estadio, la persona se enfrenta al descubrimiento de quién es, qué hace en la vida y hacia dónde va”. Todo este cuestionamiento resulta coherente con el desarrollo cognitivo alcanzado, en el cual comienzan a pensar en el futuro, fantasean con la carrera que quieren estudiar, a qué se van a dedicar en la adultez, la formación de una familia, entre otras. De esta manera comienza una metamorfosis en torno a encontrar el real sentido de su existencia.
Finalmente, los niños nacen biológicamente aptos para conseguir ser felices y dichosos, sin embargo es el ambiente el que moldea su destino, en este sentido, la educación de las emociones juega un rol fundamental para enfrentar con vulnerabilidad o fortaleza la vida y sus desafíos (Céspedes, 2008) lo cual se hace extensivo a lo largo de toda su existencia.
Bibliografía:
• Bórquez, S. (2006). Psicología del adolescente. Santiago: Editorial Debate.
• Céspedes, A. (2008). Educar las emociones. Educar para la vida. Santiago: Ediciones B Chile S.A.
• Langford, S., Opazo, P. (2010). De regreso a la armonía. Santiago: MN Editorial Limitada.
• Santrock, J. (2003). Adolescencia. Madrid: Cofás S.A.
• Wicks-Nelson, R., Israel, A. (2004). Psicopatología del niño y del adolescente. Madrid: Fareso.
jueves, 26 de mayo de 2011
Importancia de las normativas en la escuela.
La educación escolar es una tarea que engloba al ser humano en su totalidad, desde este punto de vista es importante tener presente que no basta con desarrollar los objetivos verticales de cada una de las materias que dictan los marcos curriculares, sino también los objetivos transversales que en una institución deben ser acordados, entre los educadores, con el fin de formar de una manera integral. A este respecto es fundamental tener en vista la importancia de respetar cada uno de los acuerdos tomados en los consejos de profesores, seguir los conductos regulares y velar por el cumplimiento de las reglas existentes en una escuela con el fin de convivir de una manera positiva.
En este contexto, ¿qué sucede cuando en un establecimiento educacional no existen normativas o estas no son respetadas?. En primer término, el alumnado no sabe a qué atenerse y su comportamiento se basa en el criterio personal, lo cual resulta ser una irresponsabilidad y una falta del grave en el cumplimiento de los deberes de los educadores y jefaturas. Para salvaguardar esta situación, es necesario que cada normativa sea conocida y respetada por cada uno de los integrantes de la comunidad educacional, del mismo modo que las sanciones correspondientes ante el incumplimiento de las mismas.
La escuela en conjunto con la familia son instituciones que cimientan las bases para aprender comportamientos adecuados dentro de la sociedad, por ende, si en estas instancias no existen normativas dispuestas para ser cumplidas, ¿por qué alguien debiera saber comportarse socialmente?. Cada acto debe tener una consecuencia y la toma de conciencia de aquello reviste uno de los objetivos transversales que debiera estar presente como condición sine qua non en cada uno de los establecimientos educacionales existentes.
Desgraciadamente, los establecimientos educacionales, en muchas oportunidades, están más preocupados de conservar matrículas que educar de manera integral y ante esta realidad, suelen tranzar sus normativas, las cuales terminan convirtiéndose en relativas, dependiéndo de si los apoderados están de acuerdo o no con ellas.
Hace falta tomarse en serio la educación, probablemente, ese es uno de los grandes problemas de hoy...
En este contexto, ¿qué sucede cuando en un establecimiento educacional no existen normativas o estas no son respetadas?. En primer término, el alumnado no sabe a qué atenerse y su comportamiento se basa en el criterio personal, lo cual resulta ser una irresponsabilidad y una falta del grave en el cumplimiento de los deberes de los educadores y jefaturas. Para salvaguardar esta situación, es necesario que cada normativa sea conocida y respetada por cada uno de los integrantes de la comunidad educacional, del mismo modo que las sanciones correspondientes ante el incumplimiento de las mismas.
La escuela en conjunto con la familia son instituciones que cimientan las bases para aprender comportamientos adecuados dentro de la sociedad, por ende, si en estas instancias no existen normativas dispuestas para ser cumplidas, ¿por qué alguien debiera saber comportarse socialmente?. Cada acto debe tener una consecuencia y la toma de conciencia de aquello reviste uno de los objetivos transversales que debiera estar presente como condición sine qua non en cada uno de los establecimientos educacionales existentes.
Desgraciadamente, los establecimientos educacionales, en muchas oportunidades, están más preocupados de conservar matrículas que educar de manera integral y ante esta realidad, suelen tranzar sus normativas, las cuales terminan convirtiéndose en relativas, dependiéndo de si los apoderados están de acuerdo o no con ellas.
Hace falta tomarse en serio la educación, probablemente, ese es uno de los grandes problemas de hoy...
jueves, 28 de abril de 2011
Factores protectores y amenazas para el desarrollo armónico de los niños.
Con el paso de los años, nuestra sociedad ha ido transformándose en los diversos ámbitos que la conforman, la visión del ser humano ha ido evolucionando, los niños dejaron de ser pequeños adultos y en el presente, tienen la posibilidad de desarrollarse según la etapa del ciclo vital que les corresponde. Sin embargo, lo anteriormente expresado es parte del deber ser, ya que muchas veces nos enfrentamos a situaciones en que los niños ven vulnerados sus derechos, lo cual depende de los factores protectores o de las amenazas que pueden existir en torno a su potencial desarrollo armónico e integral.
En este sentido, el factor protector por excelencia es la familia, por lo que ésta debe procurar desarrollar relaciones cálidas y estrechas con sus hijos e hijas, con normas y límites claros y consistentes que generen estabilidad y cohesión familiar, promoviendo educación y amor. Por consiguiente, los primeros meses de vida son fundamentales, ya que, según expresa Chokler (1994), es en esta etapa donde el bebé conforma su “seguridad básica”, la cual se sustenta en los cuidados primarios, tanto en lo relativo a sus necesidades básicas de sobrevivencia como al afecto recibido, característica que lo acompañará durante toda su vida. A su vez, es fundamental que los padres tomen acuerdos y decidan, ya que según expresa Lagford y otro (2010), en cada núcleo debe existir un proyecto familiar que se sitúe sobre la base de la consecuencia (sentir, pensar y hacer), coherencia (mantener una relación entre los actos que realizamos y los objetivos que queremos lograr), consistencia (claridad en el accionar sin flaquear), conciencia (de lo que pensamos, sentimos y hacemos) y convicción (fuerza que surge del corazón para seguir creyendo pese a las adversidades). En contraposición con lo recientemente expuesto, si la familia es disfuncional, está inserta en un ambiente deprivado, se cometen excesos como el consumo de alcohol y drogas, los padres son abusadores (física o sicológicamente) o si los niños sufren carencias en sus necesidades básicas, la familia resultaría ser una amenaza para el desarrollo armónico de un niño (a).
La escuela es otro factor protector en el que los educandos acceden para recibir educación integral, basada en la reforma educacional chilena, cuyos pilares son la equidad y la igualdad, en este contexto, los alumnos reciben diversos beneficios, a saber: alimentación, útiles escolares, atención médica, entre otros. El recurso humano a cargo de la atención de los educandos está conformado por un grupo multidisciplinario de personas preparadas para este fin (técnicos en educación, profesores, psicólogos, entre otros, dependiendo del establecimiento educacional). Los docentes no sólo deben ocuparse de entregar contenidos objetivos a los alumnos (as), sino que también pueden encargarse de desarrollar sus emociones, según expresa Céspedes (2008), los requisitos que un profesor debe tener para llevar a cabo una educación de emociones efectiva, son similares a las de una familia. A esto se suma poseer vocación por el trabajo que ejerce.
Los antecedentes de salud también pueden jugar a favor o en contra del desarrollo de un niño (a), según expresa Condemarín y otros (2003), si es que hay historial de cuidados desde la edad temprana, como el registro de vacunas, enfermedades infecciosas, sensoriales, broncopulmonares, cardíacas, entre otras, antecedentes neuropsiquiátricos del niño (a) o su familia. En este contexto, una persona con buena salud tendrá mejores posibilidades de desarrollarse armónicamente, en contraposición con otro que sufre o ha padecido de enfermedades, sobretodo si es que éstas han dejado secuelas.
En definitiva, las variables que influyen en el desarrollo armónico de un niño (a) son múltiples y pueden constituirse como amenaza o factor protector, dependiendo de los adultos responsables que se encuentren a su cuidado, quienes serán, finalmente, los encargados de tomar las decisiones que van a afectarlos directa o indirectamente.
Bibliografía:
• Céspedes, Amanda (2008). Educar las emociones. Educar para la vida. Santiago: Ediciones B Chile S.A.
• Chokler, Myrtha (1994). Los organizadores del desarrollo psicomotor. Buenos Aires: Ediciones Cinco.
• Condemarín, Mabel y otros (2003). Madurez escolar. Santiago: Editorial Andrés Bello.
• Langford, S. Opazo, P. (2010). De regreso a la armonía. Santiago: MN Editorial Limitada.
• Ministerio de Educación (1998). La Reforma en marcha: buena educación para todos.
En este sentido, el factor protector por excelencia es la familia, por lo que ésta debe procurar desarrollar relaciones cálidas y estrechas con sus hijos e hijas, con normas y límites claros y consistentes que generen estabilidad y cohesión familiar, promoviendo educación y amor. Por consiguiente, los primeros meses de vida son fundamentales, ya que, según expresa Chokler (1994), es en esta etapa donde el bebé conforma su “seguridad básica”, la cual se sustenta en los cuidados primarios, tanto en lo relativo a sus necesidades básicas de sobrevivencia como al afecto recibido, característica que lo acompañará durante toda su vida. A su vez, es fundamental que los padres tomen acuerdos y decidan, ya que según expresa Lagford y otro (2010), en cada núcleo debe existir un proyecto familiar que se sitúe sobre la base de la consecuencia (sentir, pensar y hacer), coherencia (mantener una relación entre los actos que realizamos y los objetivos que queremos lograr), consistencia (claridad en el accionar sin flaquear), conciencia (de lo que pensamos, sentimos y hacemos) y convicción (fuerza que surge del corazón para seguir creyendo pese a las adversidades). En contraposición con lo recientemente expuesto, si la familia es disfuncional, está inserta en un ambiente deprivado, se cometen excesos como el consumo de alcohol y drogas, los padres son abusadores (física o sicológicamente) o si los niños sufren carencias en sus necesidades básicas, la familia resultaría ser una amenaza para el desarrollo armónico de un niño (a).
La escuela es otro factor protector en el que los educandos acceden para recibir educación integral, basada en la reforma educacional chilena, cuyos pilares son la equidad y la igualdad, en este contexto, los alumnos reciben diversos beneficios, a saber: alimentación, útiles escolares, atención médica, entre otros. El recurso humano a cargo de la atención de los educandos está conformado por un grupo multidisciplinario de personas preparadas para este fin (técnicos en educación, profesores, psicólogos, entre otros, dependiendo del establecimiento educacional). Los docentes no sólo deben ocuparse de entregar contenidos objetivos a los alumnos (as), sino que también pueden encargarse de desarrollar sus emociones, según expresa Céspedes (2008), los requisitos que un profesor debe tener para llevar a cabo una educación de emociones efectiva, son similares a las de una familia. A esto se suma poseer vocación por el trabajo que ejerce.
Los antecedentes de salud también pueden jugar a favor o en contra del desarrollo de un niño (a), según expresa Condemarín y otros (2003), si es que hay historial de cuidados desde la edad temprana, como el registro de vacunas, enfermedades infecciosas, sensoriales, broncopulmonares, cardíacas, entre otras, antecedentes neuropsiquiátricos del niño (a) o su familia. En este contexto, una persona con buena salud tendrá mejores posibilidades de desarrollarse armónicamente, en contraposición con otro que sufre o ha padecido de enfermedades, sobretodo si es que éstas han dejado secuelas.
En definitiva, las variables que influyen en el desarrollo armónico de un niño (a) son múltiples y pueden constituirse como amenaza o factor protector, dependiendo de los adultos responsables que se encuentren a su cuidado, quienes serán, finalmente, los encargados de tomar las decisiones que van a afectarlos directa o indirectamente.
Bibliografía:
• Céspedes, Amanda (2008). Educar las emociones. Educar para la vida. Santiago: Ediciones B Chile S.A.
• Chokler, Myrtha (1994). Los organizadores del desarrollo psicomotor. Buenos Aires: Ediciones Cinco.
• Condemarín, Mabel y otros (2003). Madurez escolar. Santiago: Editorial Andrés Bello.
• Langford, S. Opazo, P. (2010). De regreso a la armonía. Santiago: MN Editorial Limitada.
• Ministerio de Educación (1998). La Reforma en marcha: buena educación para todos.
Familia sana: base del desarrollo armónico de los niños.
La familia resulta ser una institución fundamental dentro de la sociedad, en la cual cada uno de sus integrantes es importante, ya que se constituye como una pieza clave, única e irrepetible, digna de dar y recibir afecto, confianza y contención, propiciando de esta manera la formación de personas integrales y sanas, aptas para integrarse en el mundo social de una forma positiva. En este contexto, cabe hacer una distinción entre familia nuclear (padres y sus hijos) y familia extensa (padres, hijos, abuelos, tíos, entre otros).
Si bien es cierto, la familia extensa juega un papel destacado, sobretodo en lo que al desarrollo de la inteligencia emocional se refiere, es fundamental que los roles se encuentren bien definidos. Concordando con Langford y Opazo (2010), los padres deben ser la primera autoridad para los hijos, son ellos quienes, previo acuerdo, proporcionan las directrices que rigen el funcionamiento armónico dentro de la familia, dando las pautas a seguir y dejando en claro que el amor y la confianza son la base de la estructura familiar, lo cual implica que los padres confían en las capacidades de los hijos y, a su vez, los hijos confían en sus padres y en las buenas decisiones que van a tomar, basados en que son precisamente ellos quienes más los quieren y jamás tomarían una decisión a conciencia con el fin de dañarlos (padre y madre, poseen igual jerarquía en la toma de decisiones). Por consiguiente, la autoridad de los padres es fundamental, ya que se constituye como un ente facilitador en la educación, en este sentido, la existencia de roles y responsabilidades claras para cada uno de los integrantes del núcleo familiar debe definirse, a modo de normativas, con el fin de lograr resultados óptimos.
En este contexto, resulta interesante agregar que la familia es la primera entidad en la que las personas aprenden a comunicarse, lo cual va a repercutir en las futuras relaciones interpersonales que se establezcan, por lo cual, una comunicación efectiva y eficiente es un ingrediente que no puede faltar en una educación de calidad, en palabras de Lyford y otros (2006), la comunicación entre padres e hijos, se debe caracterizar por saber escuchar, atender a los mensajes corporales de nuestro interlocutor, comprender y expresar sentimientos, hablar de manera clara y precisa, para no inducir a errores, evitar discusiones y realizar refuerzos positivos.
De esta manera, los niños (as) se encuentran en buen pie para integrarse a la sociedad, nutridos con valores socialmente aceptables y con la capacidad de “discernir entre lo correcto y lo incorrecto”, según expresa Céspedes (2008), lo cual resulta ser una condición básica para el desarrollo de la inteligencia emocional, tan necesaria para estar y sentirse bien consigo mismo y entablar relaciones positivas con los demás.
Lo anteriormente expuesto representa el contexto familiar ideal para que un niño (a) crezca e inicie su formación, sin embargo esto no siempre ocurre, por lo cual la escuela juega un rol educativo tanto para padres y apoderados como para los educandos que acoge en sus aulas. En este sentido los educadores (profesores, técnicos, psicólogos, terapeutas ocupacionales, fonoaudiólogos, entre otros) deben mantener una comunicación eficiente para poder actuar coordinadamente en pro de una educación de calidad, donde se triangule la relación padre/apoderado, alumno (a) y escuela, haciendo uso de cada una de las instancias educativas a modo de herramientas para conseguir el fin esperado. Sin embargo, muchas veces el rol de la escuela y, específicamente, el de los profesores se ve en desmedro, debido, entre otros factores, a que pareciera que los padres consideran que pueden y deben decidir sobre el trabajo del docente, en este contexto, la participación de los padres es muy importante, pero se debe contener dentro de un marco que no interfiera en el quehacer docente, ya que este tipo de comportamiento termina por desautorizar a los profesores, lo cual repercute negativamente en la triangulación antes mencionada.
La escuela y la familia pueden llegar a ser una alianza productiva pero para que ello ocurra, ambos estamentos deben establecer una relación positiva, basada en el mutuo apoyo, teniendo como objetivo la educación del niño (a).
Bibliografía:
• Céspedes, Amanda (2008). Educar las emociones. Educar para la vida. Santiago: Ediciones B Chile S.A.
• Céspedes, Amanda (2008). Niños con pataleta, adolescentes desafiantes. Santiago: Editorial Vergara.
• Langford, S. Opazo, P. (2010). De regreso a la armonía. Santiago: MN Editorial Limitada.
• Lyford-Pike, A. Ciompi, M. Soler, M. (2006). Hijos con personalidad…raíces y alas. Santiago: Ediciones Universidad Católica de Chile.
Si bien es cierto, la familia extensa juega un papel destacado, sobretodo en lo que al desarrollo de la inteligencia emocional se refiere, es fundamental que los roles se encuentren bien definidos. Concordando con Langford y Opazo (2010), los padres deben ser la primera autoridad para los hijos, son ellos quienes, previo acuerdo, proporcionan las directrices que rigen el funcionamiento armónico dentro de la familia, dando las pautas a seguir y dejando en claro que el amor y la confianza son la base de la estructura familiar, lo cual implica que los padres confían en las capacidades de los hijos y, a su vez, los hijos confían en sus padres y en las buenas decisiones que van a tomar, basados en que son precisamente ellos quienes más los quieren y jamás tomarían una decisión a conciencia con el fin de dañarlos (padre y madre, poseen igual jerarquía en la toma de decisiones). Por consiguiente, la autoridad de los padres es fundamental, ya que se constituye como un ente facilitador en la educación, en este sentido, la existencia de roles y responsabilidades claras para cada uno de los integrantes del núcleo familiar debe definirse, a modo de normativas, con el fin de lograr resultados óptimos.
En este contexto, resulta interesante agregar que la familia es la primera entidad en la que las personas aprenden a comunicarse, lo cual va a repercutir en las futuras relaciones interpersonales que se establezcan, por lo cual, una comunicación efectiva y eficiente es un ingrediente que no puede faltar en una educación de calidad, en palabras de Lyford y otros (2006), la comunicación entre padres e hijos, se debe caracterizar por saber escuchar, atender a los mensajes corporales de nuestro interlocutor, comprender y expresar sentimientos, hablar de manera clara y precisa, para no inducir a errores, evitar discusiones y realizar refuerzos positivos.
De esta manera, los niños (as) se encuentran en buen pie para integrarse a la sociedad, nutridos con valores socialmente aceptables y con la capacidad de “discernir entre lo correcto y lo incorrecto”, según expresa Céspedes (2008), lo cual resulta ser una condición básica para el desarrollo de la inteligencia emocional, tan necesaria para estar y sentirse bien consigo mismo y entablar relaciones positivas con los demás.
Lo anteriormente expuesto representa el contexto familiar ideal para que un niño (a) crezca e inicie su formación, sin embargo esto no siempre ocurre, por lo cual la escuela juega un rol educativo tanto para padres y apoderados como para los educandos que acoge en sus aulas. En este sentido los educadores (profesores, técnicos, psicólogos, terapeutas ocupacionales, fonoaudiólogos, entre otros) deben mantener una comunicación eficiente para poder actuar coordinadamente en pro de una educación de calidad, donde se triangule la relación padre/apoderado, alumno (a) y escuela, haciendo uso de cada una de las instancias educativas a modo de herramientas para conseguir el fin esperado. Sin embargo, muchas veces el rol de la escuela y, específicamente, el de los profesores se ve en desmedro, debido, entre otros factores, a que pareciera que los padres consideran que pueden y deben decidir sobre el trabajo del docente, en este contexto, la participación de los padres es muy importante, pero se debe contener dentro de un marco que no interfiera en el quehacer docente, ya que este tipo de comportamiento termina por desautorizar a los profesores, lo cual repercute negativamente en la triangulación antes mencionada.
La escuela y la familia pueden llegar a ser una alianza productiva pero para que ello ocurra, ambos estamentos deben establecer una relación positiva, basada en el mutuo apoyo, teniendo como objetivo la educación del niño (a).
Bibliografía:
• Céspedes, Amanda (2008). Educar las emociones. Educar para la vida. Santiago: Ediciones B Chile S.A.
• Céspedes, Amanda (2008). Niños con pataleta, adolescentes desafiantes. Santiago: Editorial Vergara.
• Langford, S. Opazo, P. (2010). De regreso a la armonía. Santiago: MN Editorial Limitada.
• Lyford-Pike, A. Ciompi, M. Soler, M. (2006). Hijos con personalidad…raíces y alas. Santiago: Ediciones Universidad Católica de Chile.
miércoles, 27 de abril de 2011
Los niños: definición.
Son como gotas de agua que caen en una planta sofocada por el sol regalando dulzura, risas, reflexiones y amor, entre tantas otras cosas.
A veces se tornan un tanto peligrosos, sobretodo en lo relativo a su percepción en bruto, no amaestrada, por consiguiente, intuitiva y mágica, dicho en otras palabras, no existe detalle que pueda escabullirse de su inmensa capacidad de amor.
Poseen una capacidad de asombro sorprendente, ojos brillantes y mente despejada que, de una u otra manera, les permite ser espontáneos, alegres, místicos, como ángeles que aparecen en medio de una jauría de adultos...son una fuente inagotable de paz.
Cuando no están, su ausencia se respira en el aire ya que son capaces de llenar cualquier espacio, por inmenso que éste sea, entre palabras y silencios, preguntas y respuestas sinceras, la simplicidad de la vida misma y una sed de conocer que resulta ser inagotable...
Los niños, seres suceptibles de ser amados. Maestros por excelencia.
A veces se tornan un tanto peligrosos, sobretodo en lo relativo a su percepción en bruto, no amaestrada, por consiguiente, intuitiva y mágica, dicho en otras palabras, no existe detalle que pueda escabullirse de su inmensa capacidad de amor.
Poseen una capacidad de asombro sorprendente, ojos brillantes y mente despejada que, de una u otra manera, les permite ser espontáneos, alegres, místicos, como ángeles que aparecen en medio de una jauría de adultos...son una fuente inagotable de paz.
Cuando no están, su ausencia se respira en el aire ya que son capaces de llenar cualquier espacio, por inmenso que éste sea, entre palabras y silencios, preguntas y respuestas sinceras, la simplicidad de la vida misma y una sed de conocer que resulta ser inagotable...
Los niños, seres suceptibles de ser amados. Maestros por excelencia.
miércoles, 1 de diciembre de 2010
¿Qué importancia tiene la ciencia psicológica para el estudio del desarrollo infanto-juvenil y qué procedimientos éticos se deben cautelar?
Desde que el ser humano nace (cabe destacar que dentro del mundo animal, el hombre es el ser más desprotegido de todos al momento de nacer, es decir, si se deja sólo muere) comienza a explorar de una manera natural, alejado de toda norma, en tanto va creciendo descubre cosas y deja de cometer errores que surgían de su inexperiencia, en la medida en que el tiempo transcurre, este va experimentando cambios que llevan consigo aprendizaje formal y no formal, lo cual va desde las tradiciones familiares, hasta las materias que incluye cada uno de los sub-sectores del lugar en el que estudia y que se ve influida por su grupo de amigos, estrato social, lugar de residencia, entre otras.
La ciencia nos permite aprender en un contexto de solidez, con fundamento, da la posibilidad de “describir, predecir y explicar los hechos”, con lo cual podemos saber y es aquello lo que nos lleva a comprender las cosas y situaciones del diario acontecer. La psicología es una ciencia que se ocupa de la conducta humana, de qué manera funciona y cómo es que el individuo se relaciona con el medio que la rodea, lo cual posee una importancia fundamental si es que aceptamos ser seres sociales que necesitamos de otros para vivir. Al estar con otros es necesario relacionarse y en la medida que las relaciones interpersonales sean positivas, la vida también lo será, trayendo consigo bienestar.
La psicología infanto-juvenil es fundamental como herramienta para desarrollar habilidades y comportamientos socialmente aceptables que en ocasiones no se encuentran presentes o están en estadio de inmadurez. Muchas veces observamos niños y jóvenes indiferentes, con actitudes totalmente fuera de las normas establecidas, lo cual provoca que padres, profesores y demás adultos responsables se queden sin posibilidad de acción ante esta situación, por una parte y, por la otra, nos encontramos con un niño-adolescente que sufre, que se siente estresado ante su imposibilidad de relacionarse de manera positiva y ajustada a las situaciones requeridas, dada su etapa de desarrollo, e incapacitado para encontrar herramientas que lo lleven a solucionar su problema con el fin de sentirse poder sentirse bien.
La ciencia de la psicología otorga estas herramientas a los niños y jóvenes afectados -y a su entorno- brindando la posibilidad cierta de atender seriamente sus emociones, dando un espacio para comprender y atender las alteraciones en su comportamiento.
Cuando un niño o adolescente vivencia una terapia, su mundo queda al descubierto frente al terapeuta, lo cual implica que éste debe poseer estrictas normas éticas que protejan la intimidad de su paciente, en este sentido, el colegio de psicólogos de Chile, posee un “código de ética profesional”, el cual presenta como puntos fundamentales el respeto por los derechos y la dignidad de las personas, la competencia, el compromiso profesional y científico, la integridad, la independencia y la responsabilidad social. En este sentido, los límites de acción del código de ética, van referidos al quehacer profesional, pudiendo no ser aplicado en la vida personal de un profesional de esta área.
Existen muchas causas por las cuales nos podemos encontrar con los llamados “niños difíciles”, a mi juicio, lo importante es no estigmatizarlos, sino brindarles las herramientas necesarias para que puedan enfocar su energía y desarrollarse como personas felices y plenas.
La ciencia nos permite aprender en un contexto de solidez, con fundamento, da la posibilidad de “describir, predecir y explicar los hechos”, con lo cual podemos saber y es aquello lo que nos lleva a comprender las cosas y situaciones del diario acontecer. La psicología es una ciencia que se ocupa de la conducta humana, de qué manera funciona y cómo es que el individuo se relaciona con el medio que la rodea, lo cual posee una importancia fundamental si es que aceptamos ser seres sociales que necesitamos de otros para vivir. Al estar con otros es necesario relacionarse y en la medida que las relaciones interpersonales sean positivas, la vida también lo será, trayendo consigo bienestar.
La psicología infanto-juvenil es fundamental como herramienta para desarrollar habilidades y comportamientos socialmente aceptables que en ocasiones no se encuentran presentes o están en estadio de inmadurez. Muchas veces observamos niños y jóvenes indiferentes, con actitudes totalmente fuera de las normas establecidas, lo cual provoca que padres, profesores y demás adultos responsables se queden sin posibilidad de acción ante esta situación, por una parte y, por la otra, nos encontramos con un niño-adolescente que sufre, que se siente estresado ante su imposibilidad de relacionarse de manera positiva y ajustada a las situaciones requeridas, dada su etapa de desarrollo, e incapacitado para encontrar herramientas que lo lleven a solucionar su problema con el fin de sentirse poder sentirse bien.
La ciencia de la psicología otorga estas herramientas a los niños y jóvenes afectados -y a su entorno- brindando la posibilidad cierta de atender seriamente sus emociones, dando un espacio para comprender y atender las alteraciones en su comportamiento.
Cuando un niño o adolescente vivencia una terapia, su mundo queda al descubierto frente al terapeuta, lo cual implica que éste debe poseer estrictas normas éticas que protejan la intimidad de su paciente, en este sentido, el colegio de psicólogos de Chile, posee un “código de ética profesional”, el cual presenta como puntos fundamentales el respeto por los derechos y la dignidad de las personas, la competencia, el compromiso profesional y científico, la integridad, la independencia y la responsabilidad social. En este sentido, los límites de acción del código de ética, van referidos al quehacer profesional, pudiendo no ser aplicado en la vida personal de un profesional de esta área.
Existen muchas causas por las cuales nos podemos encontrar con los llamados “niños difíciles”, a mi juicio, lo importante es no estigmatizarlos, sino brindarles las herramientas necesarias para que puedan enfocar su energía y desarrollarse como personas felices y plenas.
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